Las Fuerzas del Amor

Dra. Norma Hayes – Argentina
Transformar-nos, Encuentros para crecer

Dra. Norma Hayes
Abogada – Mediadora

Lic. en Psicopedagogia –  Ps. Transpersonal

Decodificación Biológica Maestría Nuevas Constelaciones y Constelaciones Cuánticas

Norma Hayes

Introducción

Este artículo tiene como objetivo facilitar a las personas una comprensión de la vida desde una nueva mirada: la mirada sistémica, ampliada por los conocimientos y vivencias del filósofo y terapeuta alemán Bert Hellinger y de la Directora del Instituto de Constelaciones Familiares (Madrid-España), Brigitte Champetier de Ribes.

Le intención es alentar a todos a aplicar esta filosofía en sus vidas, en momentos difíciles para la humanidad, en los que se están viviendo cambios definitorios que modificarán la manera de enfocar la realidad; tiempos que marcan el paso de lo que se denomina el “viejo paradigma”, a los postulados y descubrimientos del “nuevo paradigma”.

Esta mirada es para todos por igual. Su aplicación en la vida personal y social permitirá avanzar hacia una vida más plena y libre desde una postura adulta, que todo lo ve, que asume sus responsabilidades y actúa en pos de una realización plena, con una conciencia ampliada, con el fin de afrontar las diferentes situaciones del cambio con una actitud comprensiva, compasiva y amorosa.

Brigitte Champetier de Ribes en su libro “Las fuerzas del amor” expresa: “Si miramos la evolución de los astros y estrellas o los ciclos de la naturaleza, constatamos que todo está “pensado”, todo funciona solo, en un orden perfecto. El ser humano es sólo una pieza más de ese cosmos sin límites. ¿Porque habría de funcionar de otra manera para nosotros?” (2)

El mundo actual evoluciona rápidamente, impulsado por fuerzas cósmicas muy poderosas. En muchas oportunidades a lo largo del tiempo estas fuerzas entran en conflicto y, de una u otra manera, somos afectados por ellas.

Esos conflictos provocan crisis, que tienen por objeto mostrarnos lo que no funciona para que podamos descubrir lo que puede funcionar y así continuar nuestro camino en armonía. O sea que primero nos ayudan a descartar lo que ya no nos sirve, a soltarlo, a dejarlo en el camino; y, por otra parte, gracias a ese descubrimiento podemos rescatar nuestra esencia, mirar lo que tenemos y ordenarlo.

Lo que es necesario dejar, para nuestro bien, son postulados del viejo paradigma (antiguas costumbres, creencias, fidelidades, distintas maneras de mirar lo que nos sucede) y abrirnos a lo nuevo eligiendo vivir con coherencia, alegría y gratitud.

Bert Hellinger nos dice: “Sabemos que la vida viene de lejos y no sabemos dónde nace. Desde lejos fluye hasta nosotros; nos toma, no es que nosotros la tengamos. Viene del origen primario, nos toma, nos usa, nos toma al servicio y nos deja caer de nuevo al origen primario, sea lo que sea eso” (3).

La vida siempre va hacia adelante, y las personas están sumergidas en ese movimiento que provoca cambios constantes a los cuales hay que adaptarse para estar en sintonía con la evolución de la humanidad.

Cada vez más, las personas toman conciencia de la necesidad de estar preparados para poder seguir ese ritmo…Cada vez más, se hacen preguntas sobre el sentido de lo que les sucede especialmente en acontecimientos que provocan crisis interiores (frustraciones, disconformidad, accidentes, tragedias, enfermedades, etc). Entonces se dan cuenta que los postulados del viejo paradigma ya no son útiles, han perdido vigencia; y, si no se dan cuenta, la vida se encarga de avisar acerca de la imperiosa necesidad de cambiar, para fluir, para crecer, para lograr vivir en paz, para sanar sus vidas y la de los sistemas a los que pertenecen.

Muchos se preguntarán: “la vida, cómo nos avisa?”, cómo nos informa que algo no está bien?. Precisamente con los acontecimientos mencionados anteriormente que se van sucediendo hasta provocar en nosotros el estado de crisis mencionado y, consecuentemente, la posibilidad de comprensión.

Crisis significa oportunidad; en este caso, la oportunidad de darnos cuenta y corregir el rumbo.

Lo sistémico nació a mediados del siglo XX, entre los postulados del nuevo paradigma, en diferentes ámbitos; en lo económico, político y social y también en la ciencia y su forma de percibir el mundo en relación con lo humano (4), junto a muchos otros descubrimientos que se fueron desarrollando.

Como dijo en esos años el científico ruso Ylya Prigogine (5): “Estamos en un punto de giro de la historia”.

En el paradigma emergente (holístico-ecológico-sistémico) se invierte la relación entre las partes y el todo (6). Así, el pensamiento sistémico desarrolló una mirada en la que ya no se trata sólo del individuo, de cada ser por separado, sino del individuo en sus relaciones, que nos permite ir más allá de los sucesos para ver los patrones de interacción subyacentes y, en cuanto comprendamos las bases de las situaciones que experimentamos, tendremos más posibilidades de reaccionar con lucidez, de tomar conciencia y asumir la responsabilidad de nuestros actos y, así, utilizar esa comprensión para modificar nuestros pensamientos y acciones y, en consecuencia, nuestro mundo.

La Teoría General de los Sistemas, cuyos antecedentes hemos mencionado brevemente, dio nacimiento al enfoque sistémico en psicoterapia.

En ese marco, Bert Hellinger desarrolla las Constelaciones Familiares que se habían originado en EE.UU. a finales de los años 70 y va modificando su aplicación, no tanto en la parte técnica como en su comprensión, desarrollando su práctica en un marco sistémico, fenomenológico y transgeneracional, que entiende con mayor amplitud las prioridades y los órdenes del amor.

Los órdenes del amor nos hablan de destinos humanos y, mucho más allá de la psicoterapia, representan una ayuda para la vida cotidiana de muchas personas. Son órdenes preestablecidos en toda relación humana y el amor únicamente tiene posibilidades de lograrse donde nosotros vivimos esos órdenes.

La filosofía hellingeriana no es algo que se aprende sólo con conocimientos teóricos. Fundamentalmente es una filosofía de vida que, además de sistémica se vive fenomenológicamente…se vive en cada aquí y ahora, en cada presente, manteniéndose centrado, olvidando lo que sabemos, alertas hacia lo que el campo nos muestra en la realidad de cada momento y de este modo podemos dar el próximo paso.

Implica dejarse guiar por la verdad del momento, sabiendo que todo está en continuo movimiento. “Permaneces en un campo en el que sólo estás expuesto a lo que se muestra, donde estás totalmente sólo, no obligado por nadie, y te entregas a una gran fuerza. Aquí hay que olvidar todo lo que se ha aprendido…pues en esencia es la apertura a lo nuevo y desconocido” (7).

Brigitte Champetier de Ribes profundizando sus comprensiones acerca de los “Órdenes del Amor” habla de “Las Fuerzas del Amor” (8), que actúan en nosotros independientemente de nuestra voluntad y tienen por objetivo dar orden al desorden. Y nos dice que el conocimiento y observación de estas fuerzas nos abrirá las posibilidades de lograr que el amor fluya en nuestras vidas, que sortee los obstáculos que puedan aparecer para que sucesos del pasado no le impidan fluir incondicionalmente.

Son leyes que rigen la convivencia humana, comenzando por las relaciones de familia y luego también abarcan las relaciones en el trabajo, en la profesión, en las organizaciones y, así, en grupos cada vez más grandes: países, culturas, pueblos.

Estas leyes y sus desórdenes se reflejan en el cuerpo, tienen un rol fundamental en la enfermedad y la salud física, anímica y espiritual. Cualquier desorden desemboca en un conflicto que separa a los seres humanos, en lugar de acercarlos y reconciliarlos.

Cuando Bert Hellinger habla de “Los órdenes del amor” no se refiere al amor emocional, sino al Amor Mayor que respeta y se rinde a todo como es y a todos como son. Un amor que sale del sentimiento y se convierte en una actitud de vida.

Esta es una filosofía exigente, muy exigente; no es una enseñanza concluida que puede transmitirse como algo definitivo, que pueda ser aprendido para siempre. Necesita una disciplina, a través de nuestra práctica constante, hasta lograr incorporarla en nuestro ser y convertirla en nuestro modo de vivir la vida, en nuestro modo de ser en el mundo.

Es una filosofía que no da reglas fijas e inamovibles, que nos reclama aplicarla en cada momento estando de acuerdo con el mundo tal como es. Con todo tal como es. Éste es el gran paso.

Ni las llamadas ciencias duras pueden ahora presentarse con reglas fijas e inamovibles. Todo cambia rápidamente. Vivimos en la impermanencia y en la incertidumbre.

Las Fuerzas del Amor nos llevan a conectarnos con otras dimensiones, a comprensiones que van más allá de nosotros y que nos acercan a lo que Bert Hellinger llama “el movimiento del Espíritu”, una dimensión que no es de este mundo. Son promovidas por otra dimensión…Dios, Sabiduría Infinita, Algo Mayor…como quiera que las llamemos. Están conectadas directamente al Campo Fuente que es Amor.

Las Fuerzas del Amor son fuerzas universales, tan inexorables y contundentes como la fuerza de gravedad, que deben cumplirse para evolucionar, para vivir en armonía, resonando con las cosas tal como son y con cada persona tal como es.

Respetándolas en nuestro diario vivir podemos darnos cuenta de lo que debemos ordenar y respetar para evolucionar, para honrar a nuestros antepasados, para agradecer lo recibido, y luego ser libres de elegir nuestra propia vida desde el estado adulto. Ellas nos muestran cómo toda la vida está orientada hacia el amor y por el amor, hacia la reconciliación; es una energía de amor que guía a cada individuo y a cada sistema y, a la vez, respeta la libertad de decisión.

Las fuerzas del amor nos hacen vivir en el presente, en el estado adulto y nos ayudan a abrirnos a las infinitas posibilidades.

Estas fuerzas son cuatro: Asentimiento – Pertenencia – Jerarquía – Equilibrio entre dar y tomar.

Asentimiento

Asentimiento

Es la primera fuerza, indispensable para poder observar todas las demás.

En lenguaje común asentir, es como si nos dijéramos “esto es lo que hay” y ahora, “qué hacemos con esto”?. La respuesta, desde la mirada sistémica/fenomenológica/transgeneracional es: ordenar nuestras vidas poniendo en práctica, día a día, las Fuerzas del Amor.

Al asentir reconocemos que la vida fue creada por algo más grande ante lo cual nos rendimos; entramos en sintonía con la vida y con todo tal como es.

El asentir es la fuerza más exigente, la que nos impulsa a rendirnos para poder fluir con la vida; a dejarnos llevar por el movimiento del espíritu para poder respetar y cumplir las demás leyes.

Lo que nos pide el amor mayor es nuestro “sí”. Sí a lo que hay. Es el mayor paso de crecimiento y permite que la energía fluya. Cuando digo “no” esa energía se frena y se acumula; bloquea lo que se está produciendo impidiendo su camino hacia la meta.

Al pronunciar nuestro “si”, asintiendo a todo como es y a todo como fue estamos en la rendición. Salimos de las polaridades, del juicio y las preferencias y, por tanto, nos orientamos hacia la reconciliación.

Pertenencia

Pertenencia

Es el orden del amor mayor. Todos tenemos el mismo derecho a pertenecer. A todo. Todos pertenecemos a todo. Primero hay que pertenecer y agradecer lo que nos permite existir; después avanzar”. (9)

Para el amor del espíritu no existe ni más ni menos pertenencia, ningún derecho mayor o menor a pertenecer; todos los miembros de un sistema tienen derecho a pertenecer, hayan hecho lo que hayan hecho. Si ya hemos cumplido la primera ley y hemos asentido a todos como son o como fueron y a todo como es o como fue, reconocer esta pertenencia resultará más fácil.

Esta ley implica la aceptación y respeto por las diferencias y, por tanto, el reconocimiento y la inclusión de todos.

Este orden fue modificado por el mismo Bert Hellinger que al principio enseñaba: “todos pertenecen excepto los que han atentado contra la vida y los que han abandonado a sus hijos”. Más tarde se dio cuenta que con esta afirmación excluía a algunos miembros y creaba temor al castigo. Ya no era “todos pertenecen”. El cumplimiento del orden de pertenencia, de esta manera, respondía a “la buena conciencia”. Y, en su grandeza, quitó esas excepciones cuando descubrió el amor del espíritu y su movimiento; a partir de ese momento enseñó el amor y respeto a cada uno como es, haya hecho lo que haya hecho; el amor a todo como es. Podemos decir que se vio impulsado por “la mala conciencia”.

Pertenecer al grupo da seguridad e identidad; es una herramienta de cohesión de la tribu; provoca lealtades, fidelidades arcaicas, que interfieren y a veces impiden la individuación. Puede provocar exclusiones, según lo que haya hecho cada uno.

Por eso, si esta fuerza no es comprendida de la manera en que Hellinger la propuso alrededor del año 2002/2003 pueden presentarse dificultades para su cumplimiento, ya que está relacionada con lo que llamamos buena y mala conciencia, la conciencia moral, que permite excluir a algunos con la conciencia totalmente tranquila. La conciencia moral, que distingue entre “buenos y malos”, es una conciencia lejana al amor que todo lo incluye, ya que permite excluir a algunos.

El amor *grande* es diferente del amor infantil, que es ciego y en la red familiar intenta compensar la fatalidad a través de más fatalidad. Este amor grande es un amor consciente que compensa de manera sanadora y pone fin al mal a través del bien”. (10)

En síntesis, podemos concluir que la pertenencia es la fuerza de la conexión con el amor del espíritu, que nada excluye, que todo lo abarca. La pertenencia es el movimiento que lleva todo lo separado hacia la unificación.

Jerarquía

Jerarquía

Esta fuerza u orden está dada por la dimensión espacio-temporal, en concordancia con las leyes de la energía, ya que somos energía materializada.

La dimensión tiempo marca el momento de llegada de cada uno, que otorga una jerarquía natural. El que llegó antes es mayor. La dimensión espacio define el lugar que nos da la vida, el que debemos ocupar de acuerdo al orden de llegada, que fue marcado por el tiempo.

La ley de jerarquía se da en esta dimensión a la que pertenecemos durante nuestra vida que, como dijimos, marca el lugar único e irrepetible que corresponde a cada uno. En consecuencia, delimita ese lugar de pertenencia y ejerce influencia en sus relaciones con los demás.

Si uno no respeta la jerarquía natural, no ocupará el lugar que le corresponde y la consecuencia será una pérdida de fuerza para vivir su vida de la mejor manera, respetándose y respetando a todos los miembros de su sistema familiar. Lo mismo se aplica a los demás sistemas a los que pertenecemos.

Al no ocupar el lugar determinado por la vida, se van a generar conflictos que derivarán en consecuencias en sus relaciones, ya que su energía desordenada lo llevará, inconscientemente, a sentir que tiene que luchar para ser visto y reconocido, se sentirá acomplejado, literalmente “fuera de lugar”.

Con el conocimiento y la práctica de las fuerzas del amor, podrá ocupar el lugar que le corresponde y, desde allí, fluir hacia una vida eficaz, amorosa y al servicio de su misión y del destino colectivo.

Equilibrio entre dar y tomar

Dar y recibir

Es el orden de las polaridades, de los opuestos. Existe para que los opuestos se equilibren y se fundan. Las polaridades están al servicio del crecimiento y la transformación.

Sabemos que somos energía materializada. Toda energía está formada por dos partículas, protón y electrón; dos polaridades que cuando se unen crean energía.

Si aplicamos estos conceptos al tema que estamos tratando, podemos concluir que para que exista una energía sana e impulsora de nuestras vidas debe producirse un equilibrio entre las polaridades y así comprenderemos que, para que la vida fluya en el amor debe existir un equilibrio entre la polaridad dar y tomar, ya que todo desequilibrio interfiere, frena el flujo de esa energía; y todo desequilibrio conlleva malestares, dificultades y consecuencias.

El equilibrio entre dar y tomar facilita el orden en el sistema; si damos más de lo que tenemos o tomamos más de lo que necesitamos se produce un desorden en la relación.

Cuando sucede algo, inmediatamente surge una reacción emocional que nos informa acerca de una fidelidad arcaica; la reconozco, la acepto y sigo. No opto; pongo mi energía al servicio de la unión. Como adulto no tomo partido por una polaridad; respeto a ambas porque las dos están al servicio de una fusión, de una reconciliación. Cuando uno entra en una polaridad pierde su adultez.

Es necesario equilibrar el dar y recibir amor y equilibrar el hacer y recibir daño para que la vida fluya. Equilibrar dar y recibir amor significa devolver el amor recibido, si queremos permanecer libres. O un poco más de lo recibido, si queremos que la relación continúe…Para equilibrar hacer o recibir un daño, la víctima compensa devolviendo el daño, pero un poco menos, por amor, en vez de meterse en la buena conciencia de la venganza o en el desprecio al perpetrador. El perpetrador compensa lo que ha hecho asumiendo su culpa y reparando el daño cometido, en vez de caer en la expiación.” (10)

Si recibimos algo bueno, devolvemos un poco más y así se potencia y crece el amor. Si recibimos algo negativo, por ejemplo una ofensa, practicamos el equilibrio devolviendo lo recibido, un poco menos. Dar amor sólo en la medida en que el otro sea capaz de devolverlo y compensar el hacer o recibir un daño para restablecer el equilibrio.

Esto, a veces, es difícil de asimilar. ¿Cómo voy a devolver un daño?. Comprendiendo que es necesario conservar el equilibrio, que también eso es actuar con amor, sin sentirse superior al despreciar al otro, ni entrar en la repetición a la que nos incita el campo morfogenético de la conciencia moral, que nos empujará a la venganza. Devolver el daño, un poco menos, no es venganza, es un equilibrio que permitirá la continuidad de esa relación. Si no se equilibra, algún descendiente imitará esa situación y deberá compensarla. Si comprendemos que el culpable también es fiel a su sistema (sea que haya hecho o recibido un daño), tomándolo tal como es podrá iniciarse el movimiento de reconciliación que permitirá y producirá que el amor vuelva a fluir en ese sistema.

Como conclusión, podemos decir que esta nueva mirada desde la filosofía de Bert Hellinger y las nuevas comprensiones de Brigitte Champetier de Ribes, es una mirada integradora, basada en las fuerzas del amor, que hemos descripto brevemente.

A las personas que les hayan resonado estas reflexiones les aliento a profundizar, ya que cada punto, cada ley, es de una amplitud y una riqueza tal que amerita ser analizada a fondo, comprendida en su magnitud y practicada con disciplina para lograr ese cambio tan anhelado que nos conducirá hacia una vida plena y permitirá la realización de nuestro Ser.

Notas:

2- Brigitte Champetier de Ribes – Las fuerzas del amor.

3- Bert Hellinger – El manantial no tiene que preguntar por el camino.

4-Fritjot Capra – Cambios de criterios: de la parte al todo.

5-Ylya Pregogine – Premio Nobel 1977

6-Fritjot Capra – Pertenecer al universo.

7-Bert Hellinger – El manantial…

8- Brigitte Champetier de Ribes – Las fuerzas del amor

9-idem

10-Brigitte Champetier de Ribes – Comenzar a constelar

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